Midori (midoris_art) wrote in na_eureurong,
Midori
midoris_art
na_eureurong

너에게 빠져들겠어 자꾸 반응하잖아 (I’m falling for you, I keep reacting to you) [2/2]

B

(1)

No iba a ir al departamento de Sehun. De eso podía estar seguro.
Baekhyun y Jongdae habían invadido su propio departamento poco después de que Jongin les contase la situación completa con Sehun, y su propio deseo de cortar todos los lazos insanos que lo ataban a su pareja. Jongin les había dicho que realmente no era necesario, que quizás sería mejor que se quedase solo unos días para concentrarse en sus próximos exámenes y así evitar pensar demasiado en el reciente rompimiento, pero había sido simple y llanamente ignorado. No podía decir que le sorprendía. ¿Cuán le habían hecho caso Baekhyun y Jongdae una vez que tenían la cabeza puesta en algo?
Y lo que tenían en la cabeza precisamente era llevárselo a un club esta noche.
Ahora bien, a Jongin no le desagradaban particularmente los clubes nocturnos. Cualquier lugar que le diera la excusa para bailar toda la noche no podía ser malo, aunque la gente no fuese allí para bailar realmente. Ahí era donde empezaban sus quejas: tener que tolerar las atenciones indeseadas de un montón de extraños desagradables que no parecían entender los límites del espacio personal. Nada extremo, claro, al menos hasta la fecha, pero aun así fastidioso.
Por otra parte, quizás necesitase esa clase de ambiente para sacarse la imagen de Sehun esperándolo en su departamento, que terminaría haciéndolo flaquear y salir corriendo a sus brazos (como siempre). Jongin no quería volver a hacer girar la rueda de la mala fortuna, por lo que abrió la puerta cuando Baekhyun y Jongdae le avisaron por el intercomunicador que estaban afuera. Lo único que pensaba era “espero no arrepentirme de esto”.
Una hora después, estaba vestido con su ropa menos discreta y más ajustada (básicamente las cosas se sólo se ponía para esta clase de ocasiones, cuando dejaba de querer camuflarse con el fondo y se volvía el centro de todas las atenciones, algo que disfrutaba más de lo que decía), sentado en su sillón de la sala mientras Jongdae llamaba un auto para que los llevara a su destino.
—¿Y ustedes conocen ese club? —preguntó con aires distraídos mientras desbloqueaba su Smartphone. Tenía varios mensajes de kakaotalk de Sehun que se estaba obligando a ignorar, a sabiendas de que si se ponía a leerlos era game over.
—Conocemos a alguien que trabaja en el bar pero nunca fuimos —Baekhyun se encoje de hombros y arregla por quinta vez su peinado, fastidiado por un mechón rebelde que no permanece en su lugar por más producto que le ponga.
—Entonces podría ser un club espantoso y ustedes me estarían llevando ahí para que me deprima aún más.
Jongdae corta el teléfono entonces y rueda los ojos en dirección a Jongin.
—No te pongas dramático o te tiraré del auto cuando esté en movimiento.
—¿Ese es el tipo de “apoyo emocional” que vinieron a darme? No se hubieran molestado en salir de casa —espetó, sarcástico, mientras se recostaba en el sillón con las piernas colgando sobre uno de los brazos de este.
—No hagas eso, estás arrugando toda tu ropa. No nos van a dejar pasar si te ves como un vagabundo —rezongó Baekhyun, empujándolo hasta que Jongin se resignó y adoptó nuevamente la posición anterior.
—Nuestro apoyo emocional es del mejor, pero no funciona si te pones quisquilloso. Así que veta mentalizando para divertirte o todo esto será una pérdida de tiempo —advirtió Jongdae, interrumpido solo por el sonido del intercomunicador: el auto ya estaba abajo. Le avisó que ya salían y tomó los abrigos, arrojándoles los correspondientes a Baekhyun y a Jongin—. Vamos, señoritos. La noche empieza oficialmente.
—Yo no creo que al conductor le agrade que empecemos la fiesta en su auto —se burló Baekhyun, poniéndose el abrigo con cuidado de no arrugar la delicada tela de su camiseta. Jongin comenzó a reírse de solo imaginar la situación.
—Bueno, ¿le estamos pagando, no?
Jongin acaba de sumar un nuevo ítem a su lista de plegarias: que no los dejaran en el medio de la calle antes de llegar a destino.
-
—Detesto las filas para entrar.
Jongdae hizo un sonidito de advertencia.
—¿Qué dije sobre lo de ponerte quisquilloso? Además, nos tomó solo media hora entrar. Vi peores.
Baekhyun canturreó un pequeño “ajá” y enfiló directo hacia la zona del guardarropa.
—Abrigos —dijo simplemente.
Mientras Baekhyun se encargaba de pagar por guardar los abrigos, Jongdae y Jongin hicieron un repaso visual general de la pista de baile. Había gente ya, pero era relativamente temprano y aún se podía caminar por el lugar sin tener que empujar a al menos veinte personas.
—¿Quieres que ya vayamos a comprar un trago?
Jongin se encogió de hombros. No era fanático del alcohol, pero quizás en esta ocasión lo necesitase más que de costumbre.
—Esperemos a Baekhyun y vayamos.
El aludido no tardó en regresar, pura energía materializada en un cuerpo humano. Prácticamente los arrastró al bar, con la excusa de saludar al amigo que les había recomendado venir en primer lugar, cuando en realidad sabían que quería ‘ponerse a tono’.
Minseok era el nombre del famoso amigo de esos dos. A Jongin le pareció una persona demasiado cuerda para ser amigo de tanto Baekhyun como Jongdae, pero, ¿qué podía decir? Él también era amigo de ellos y se consideraba completamente razonable (aunque sacasen de partes de él que no se molestaba en reconocer que poseía). Sería otro milagro más.
—Entonces, ¿qué dices, Seokkie? ¿Bebidas gratis para tus amigos del alma? —Jongdae se inclinó sobre la barra y movió las cejas de forma sugestiva. Minseok no pareció inmutarse ante tal espectáculo. Lo más seguro era que ya estuviese acostumbrado.
—Olvídalo, eso sale directo de mi sueldo y no voy a gastar el fruto de mi esfuerzo en una borrachera tuya —le respondió el barista simplemente, pasándole a Jongin su Gin-tónic (que más le valía que le durase la mitad de la noche o terminaría mal) y sonriendo cuando éste le alcanzaba el dinero para pagarlo—. Te sugiero que te tomes eso despacio.
—¿Tanto se me nota que no tomo muy seguido? —rió el aludido, dándole un sorbo al vaso y dejándolo nuevamente a un costado.
—No te preocupes por Jongin, de hecho tiene una tolerancia bastante alta. Se pone tonto pero no vomita —Baekhyun le restó importancia al asunto agitando una delicada mano y pidió un Tentación Apeach. Típico de él.
Jongdae se resignó finalmente y pidió una botella de Hite, ante la mirada desaprobadora de Baekhyun.
—¿Cerveza? ¿En serio?
—Ni que fuera gratis —refunfuñó, pasándole a Minseok el dinero y dándole un buen trago a la botella—. Además, a todos les gusta la cerveza, no te hagas.
Baekhyun hizo una mueca de asco.
—A mí no me gusta, no sé por qué todos en el país están obsesionados con algo que sabe tan… soso. Para eso prefiero tomar agua.
—Uno es muy fino y el otro muy tacaño —murmuró Minseok, sacudiendo la cabeza. Jongin lo oyó y soltó una risa queda. No había mejor descripción—. Ten mucho cuidado Jongin, no sea cosa que acabes tirado en algún desagüe por culpa de estos dos inconscientes.
—No te preocupes, tengo años de práctica en hacer justamente lo contrario a lo que ellos dicen —contestó confiado. Minseok arqueó una ceja, una pequeña sonrisa dibujándose en sus pequeños labios.
—¿Y sin embargo estás aquí esta noche, no?
—Touché.
-
Debió haberse quedado con Minseok, alias: la voz de la razón, por el resto de la noche. Sentado en el bar como un hombre más con miles de problemas personales que compartir con el pobre barista.
Y pensándolo mejor, debió haber seguido su propio consejo y hacer durara el Gin-tónic mucho más. En cambio, terminó aceptando que Baekhyun le comprara una de sus bebidas frutales (¿Skylab? Algo así) con mucho vodka y mucho ron. Ya estando bien “aclimatado”, no tuvo reparos en ser discreto en la pista de baile, lo suficientemente llena para robarle el pudor. La actividad física no hizo más que darle sed, y allí es cuando debió haber optado por un vaso de Coca-Cola y no aquel menjunje extraño que Jongdae compró para los tres. No tenía idea de lo que había ahí pero si podía garantizar que era fuerte.
Jongin, por supuesto, estaba lejos de dormirse de pie o salir corriendo al baño para devolver todo lo que había consumido. Baekhyun no bromeaba cuando decía que no vomitaba.
Pero tampoco bromeaba cuando decía que se ponía algo… tonto. En fin, no se podía escapar a todos los efectos del alcohol. Las buenas noticias eran que, aunque al otro día probablemente se odiase, ahora mismo no había espacio en sus pensamientos para la imagen de Sehun esperándolo en su departamento (aunque dudaba muchísimo que para esta hora siguiese aguardando pacientemente por él en el sofá). En estos momentos sólo era consciente de las luces que volvían todo frente a sus ojos una masa irreconocible de cuerpos que no dejaban de moverse, y de la música que le embotaba los sentidos. Se sentía más vivo que nunca, casi deseó que aquella experiencia durara más que un par de horas.
(Pero no, aún estaba la parte razonable de su cabeza que se rehusaba a retirarse completamente y trataba de recordarle acerca de los exámenes, ensayos y audiciones… La acalló al instante.)
Baekhyun y Jongdae se habían comportado bien y pasaron la mayor parte del tiempo a su lado, rechazando a quien se acercase para llevarse a alguno lejos e insistiendo con que ya habría otra ocasión para tontear con cualquiera. “¡Hoy estamos aquí para levantar los ánimos de nuestro querido Innie!” gritaban, afortunadamente siendo cubiertos por el sonido de la música (remixes de hits de pop extranjero y EDM, Jongin apenas les ponía atención).
Debía agradecer la insistencia de esos dos de permanecer pegados a su lado, especialmente a medida que la noche avanzaba y sus sentidos se volvían cada vez menos agudos.
En un momento, sin embargo, volteó para encontrarse con rostros y rostros desconocidos, sin señales de Baekhyun o de Jongdae. Le extrañó que no le hubiesen avisado que se iban a alguna parte pero se le ocurrió que quizás si le habían dicho y él había estado muy hipnotizado por la música y las luces como para registrar sus palabras. Al fin y al cabo, se sentía incapaz de ponerle atención a más de una cosa por vez.
Tal vez debería dejar su vaso sin acabar en algún rincón y salir a tomar aire...
Estaba tratando de abrirse paso entre la multitud de cuerpos en movimiento (¿en qué parte de la pista estaba, de todos modos? No podía ver la barra por ninguna parte como para ubicarse) cuando un grupo de personas se puso a saltar cerca suyo, empujándolo. Jongin, tomado por sorpresa y con su equilibrio lejos de estar en su mejor momento, terminó cayéndose sobre el suelo de la pista. Hizo una mueca mientras trataba de ponerse de pie, un par de manos surgieron para alzarlo pero las ignoró, optando por impulsarse a duras penas con una mano en la pista. Le sorprendió que nadie lo pisara en el proceso.
La caída no le había dolido, tenía los sentidos entumecidos por el alcohol que aún tenía en las venas. Lo que realmente le molestaba era parecer un borracho que no era capaz de caminar en línea recta. Y no había sido su culpa, sino del grupo que se le había ocurrido hacer pogo tan cerca suyo.
Estaba empezando a recordar por qué no le gustaban tanto estos lugares.
Alguien le dio unos golpecitos en el hombro. Jongin miró en la dirección en la que le pareció que la persona estaba y se encontró cara a cara con un par de ojos delineados con negro, los irises de un cálido color café. En su estupor, parpadeó un par de veces y simplemente se quedó apreciando las facciones atractivas del muchacho que no hacía más que sonreirle divertido.
—¿Estás bien? —le preguntó mientras lo señalaba de forma general. Jongin tardó un poco más en hacer la conexión necesaria, y cuando lo hizo quiso golpearse. ¿Cuánto más podía hacer el ridículo frente a extraños? Ya estaba entendiendo por qué el alcohol no se cruzaba de forma usual en su vida.
—Si, no me dolió.
—Deberías mantenerte alejado del centro de la pista, están a punto de empezar una ronda de pogo para la que me parece que no estás listo —volvió a sonreírle, seguramente porque Jongin estaba claramente ebrio, aunque por cada segundo se sintiera un poco más despierto.
—Gracias por el consejo, creo que me mantendré por los costados...
La música subió de volumen entonces, empezando por un ritmo suave que claramente servía de puente para la parte más poderosa de la canción. Tenía que salir de allí en ese momento o sería atrapado por las oleadas de gente saltando, y quizás terminara sepultado bajo sus pies (y considerando que muchas mujeres llevaban tacones... prefería no probar su suerte).
Estaba a punto de despedirse del atractivo extraño cuando éste se le adelantó.
—Dime, ¿quieres acompañarme a la barra? —le gritó bajo la música envolvente. Jongin se mordió el labio inferior. La oferta sonaba atractiva y sin embargo...
—Creo que debería alejarme de la bebida por esta noche. Ya tuve mi cuota.
El muchacho se rió abiertamente, aunque Jongin apenas pudo distinguir apropiadamente el sonido.
—No dije que iba a comprar alcohol. ¿Vienes? —le hizo un gesto con la cabeza para que lo siguiese si gustaba.
Y Jongin así lo hizo. Al fin y al cabo, ¿había venido a "divertirse", o no?
Una vez que estuvieron un poco alejados de la pista de baile, la música alta convirtiéndose en un sonido retumbante pero lejano, el joven atractivo de los ojos esfumados en negro le tendió la mano en un gesto juguetón.
—Soy Yixing, ¿tu nombre?
Jongin rió, deleitándolo con el brillo incandescente de su sonrisa sincera.
—Jongin.
—Gusto en conocerte Jongin. ¿Tomas coca-cola u otra gaseosa en particular?
Oh. Pensaba comprarla por él. Aquello era muy amable pero apenas se conocían y a Jongin nunca le había gustado aceptar regalos de ese tipo, especialmente si no iba a tener la oportunidad de resarcirlos.
—No tienes que hacer eso, puede que esté un poco tomado pero puedo comprar en la barra sin problemas —buscó en el bolsillo trasero de sus jeans apretados el cambio que le había sobrado después de comprar los tragos de antes.
—Lo sé, pero considéralo un regalo, ¿hm?
Jongin suspiró y guardó los billetes nuevamente en el bolsillo de su jean, asintiendo.
—Está bien. Coca-cola, por favor.
Yixing le guiñó un ojo. Jongin observó con interés como pequeñas cantidades de glitter se caían de su párpado a sus mejillas angulosas. Yixing estaba vestido de forma similar a la que Jongin usaba en sus pequeñas performances de baile. De repente sintió el impulso de pedirle que se pusiera a bailas.
Quizás aún estaba un poco ebrio, después de todo.
Yixing se acercó a la barra para pedir dos vasos de gaseosa mientras Jongin aprovechaba el momento a solas para fijarse si tenía algún mensaje de Baekhyun o Jongdae en su móvil. No tenía nada, ni siquiera un KakaoTalk de Sehun. Supuso que para esa hora (su reloj marcaba las 3:23 AM) su expareja (le convenía empezar a pensarlo así, si quería hacer las cosas bien de una vez) debía haberse ido a dormir, o al menos entendido que Jongin no iba a ir a verlo en ningún tiempo cercano.
Yixing volvió en ese momento para detenerlo antes de que sus pensamientos tomaran una ruta más deprimente, y le tendió su vaso mediano lleno hasta el borde de aquella bebida burbujeante.
—Gracias —murmuró antes de darle un largo sorbo. No se había dado cuenta de cuan sediento estaba. Y era normal, considerando que había dejado su alma en aquella pista de baile.
—No hay de que —respondió simplemente Yixing, imitando sus acciones. Luego de unos minutos de silencio, agregó—: Te vi antes allí. Bailando, me refiero. ¿Te dedicas a eso o es un talento natural?
Jongin se sorprendió. No creía que nadie pudiera ver a nadie en aquella pista abarrotada donde las luces confundían más de lo que mostraban.
—Me gustaría dedicarme a eso, pero aún estoy buscando una buena empresa que me acoja —admitió, sonriendo—. ¿Sabes mucho de baile o es una apreciación de un mero mortal? —arqueó una ceja, sin poder esconder una sonrisa.
—Tengo un grupo de baile hace unos años, somos coreógrafos de idols —le guiñó un ojo, señalándolo—. ¿Por qué no te haces idol? Eres lo suficientemente bonito, y si además sabes bailas...
Jongin se echó a reír, sacudiendo la cabeza.
—Oh no, tendría que cantar y Dios sabe que eso no me interesa. Ni tampoco la idea de compartir una habitación del tamaño de una caja de zapatos con quince personas más, honestamente.
Yixing se unió a sus risas.
—Ya, todo tiene su lado malo. Pero no te culpo, no es la mejor profesión del mundo —le dio un sorbo largo a su vaso y miró brevemente la pista de baile: parecía que la sección de pogo estaba empezando a dispersarse lentamente— ¿Y ya fuiste a alguna audición?
—A cinco —suspiró Jongin. Aquel no era el mejor tema para hablar cuando aún tenía alcohol en su sistema: podía volverse un festival de lágrimas en solo un parpadeo. Ese no era el tipo de espectáculo que quería protagonizar frente a alguien tan atractivo como Yixing, ya era suficiente con caerse de culo ante sus ojos veinte minutos atrás.
—Podría tratar de ubicarte en algún lado. Creo recordar que uno de mis amigos tiene un lugar vacante en su grupo. Eso, claro, si no te molesta trabajar de coreógrafo.
—¿Bromeas?
—Sólo si te vas a negar —respondió Yixing, medio serio.
El más joven soltó una risa que parecía haberse atascado en su garganta y lo miró con los ojos llenos de luz y una esperanza que no podía detener ni siquiera con su naturaleza precavida.
—Sería una oportunidad increíble, no podría negarme —le aseguró, esperando no haber sonado tan ansioso a los oídos de Yixing como lo había sido a los suyos.
—Entonces déjame que lo averigüe por ti, ¿me das tu número?
Jongin se sintió enrojecer, lo que lo molestó porque vamos, ya eres un adulto y no es la primera vez que alguien te pide tu número. Además, era obvio que Yixing necesitaría alguna forma de contactarlo por el trabajo.
Claro que, tampoco iba a pecar de inocente, nadie era tan amable sin esperar algo a cambio. O, al menos, había algo en la forma en que Yixing lo miraba que le hacía pensar que había algo más allí que una solidaridad espontánea.
Y la verdad, estaba empezando a pensar que eso no era para nada malo. No tenía ninguna intención de meterse en una relación cuando estaba apenas luchando para salir de una, mas no iba a negar que no le complacía tener la atención de otro bailarín, una persona con la tenía el tema más importante de su va en común. Que Yixing fuera tan encantador ayudaba, sin ninguna duda.
—Claro —aceptó el teléfono del otro hombre e ingresó su número en la pantalla ya preparada con la información de nuevo contacto. Yixing recibió el artefacto de vuelta con una sonrisa—. ¿No vas a darme el tuyo?
—¿Para qué? El que tiene información valiosa para ti soy yo —Yixing le guiñó un ojo y se guardó el móvil en uno de sus bolsillos delanteros.
—Esa es una buena manera de asegurarte para que no esté detrás de ti si te arrepientes —adivinó Jongin, arqueando una ceja.
—Qué desconfiado —Yixing estiró un brazo y colocó la palma de su mano hacia arriba—. Dame tu móvil.
—¿Ahora además me vas a robar? —hizo una mueca—. Vas de mal en peor.
Yixing soltó una carcajada e insistió.
—No acostumbro robar los celulares de chicos lindos.
—Eso debes decirle a todos —bufó, aunque metió la mano en uno de sus bolsillos y sacó su móvil—. Toma.
—Gracias por tu confianza —se burló, rápidamente tipeando su número en un nuevo contacto.
—Te conozco hace menos de una hora, ¿no puedes culparme, o sí?
—Ese es un buen punto. Te diría la línea cliché "Pero siento como si te conociera hace años" pero no soy de ese tipo.
—Me alegra, porque no me hubiera quedado otra opción que reírme en tu cara.
—Que cruel, y yo que pensaba que eras muy amigable —Yixing arrojó su vaso de plástico ahora vacío en un cubo de basura cercano, con una expresión de fingida decepción. El glitter en sus párpados y mejillas se volvía de miles de colores bajo las luces que llegaban de la pista de baile, y volvían sus ojos castaños el espectáculo más fascinante del mundo. Había una gran cantidad de confianza en cada movimiento de su cuerpo, firme y grácil al mismo tiempo. Despedía un aura de masculinidad y delicadeza que capturaba su atención de forma prácticamente inevitable. De repente su corazón redobló sus latidos, producto de la extraña emoción que se apoderaba de sí.
En un impulso dijo:
—¿Quieres bailar?
Yixing quitó el vaso vacío de sus manos y lo dejó en el mismo destino al que había ido a parar el otro. Después, le tomó una de las manos y comenzó a caminar en dirección a la pista.
—Por supuesto, pero nos mantendremos lejos del centro, por si tu enemigo mortal se materializa otra vez.
Jongin resopló, molesto y avergonzado.
—Lo que viste fue un accidente. Sólo me caí porque me tomaron de sorpresa.
—Más bien porque tú estabas tomado —no pudo evitar retrucar el otro bailarín, mordiéndose el labio inferior después y evitando la mirada furibunda que Jongin lanzó en su dirección.
—Yo que tú tendría cuidado con lo que digo.
—Ah, vamos. Apenas te conozco y ya veo por tu carita que no lastimarías ni a una mosca. No tienes perfil de violento.
El más joven boqueó.
—¿Y qué demonios es un perfil de violento? ¿Eres psicólogo?
—Ya, no eres el único con derecho a estar tonto por el alcohol —murmuró Yixing, maniobrándolos en un rinconcito vacío cerca de la escalera que llevaba al segundo piso del club. La música había pasado del EDM, al pop y ahora le tocaba su turno a las bandas más Indie. La melodía era interesante, en partes iguales dulce y levanta ánimos. No era suficiente para poder darlo todo en la pista pero si un recreo bienvenido para aquellos valientes que venían bailando con todas sus fuerzas desde el comienzo. Un buen calentamiento, pensó Jongin, dejándose llevar por lo hipnótico del nuevo ambiente.
Su momento de volver a la realidad y dejar caer la mandíbula hasta el piso llegó cuando la música volvió a pasar los hits pop más queridos por la gente en los últimos cinco años. Y allí fue cuando tuvo la oportunidad de ver a Yixing en todo su esplendor. Jongin se consideraba un bailarín con bastante talento debajo del brazo, y sin embargo no dejaba de asombrarse cuando veía a otras personas con tanta habilidad como la que Yixing le dejaba ver en esos momentos. Y había algo indudablemente pecador en la forma en que se movían sus caderas, algo mágico y poderoso en los movimientos de sus pies, y algo armonioso en la totalidad de su cuerpo trabajando junto para crear un show como aquel. Yixing tenía talento, eso lo podía decir. Ahora le parecía mil veces más halagador que alguien como él lo encontrase lo suficientemente bueno para pertenecer a un grupo de bailarines coreógrafos. Algo en su pecho se hinchó, no quería defraudar a la primera persona que ponía tales expectativas sobre él.
Yixing arqueó una ceja y le lanzó una mirada como preguntando "¿todo bien?" a la que Jongin respondió con un simple asentimiento, volviendo a poner toda su atención en la música y en los movimientos que ésta arrancaba de su cuerpo. Ya tendría tiempo de sobra para pensar en todas esas otras cosas que le preocupaban. Mañana sería otro día, donde podría pensar en Sehun y en las decepciones que su relación le había dejado, y en Yixing y sus promesas de un futuro por el que venía luchando hace años, y en sus exámenes y su carrera, y en Baekhyun y Jongdae arrastrándolo a lugares como este...
Dios. Baekhyun y Jongdae. Se había olvidado completamente de esos dos. ¿Estarían vivos? ¿Seguirían en el club o lo habrían dejado por las primeras caras bonitas que hubieran visto? Honestamente, no era algo que acostumbraran a hacer, no con Jongin al menos. Cuando le prometían que estarían con él, lo cumplían. Y sin embargo, ya hace una hora y tanto que les había perdido el rastro...
—¿Qué te preocupa tanto? —le habló Yixing al oído, para hacerse escuchar por sobre la música fuerte que apenas les dejaba escuchar sus propios pensamientos. Jongin pegó un respingo al tenerlo tan cerca, su aliento le hacía cosquillas en el cuello y le mandaba extraños escalofríos por la columna.
—Lo siento, pero es que vine con dos amigos y no sé dónde se habrán metido —respondió lo más alto posible, sacando su móvil de su lugar para chequear si tenía algún mensaje nuevo. No había nada. Terminó decidiendo escribirle él mismo a las dos ratas escurridizas, mandando un simple "¿Dónde estás?" a cada uno de los números y resoplando cuando los minutos pasaban y no había respuesta de ninguno de los dos. Decidió seguir el viejo método de mandar veinte mensajes juntos, con esperanzas de que tuvieran los móviles en vibrador y que con tal influjo de mensajes pudiera llamar su atención.
Ahora, si los tenían en silencio no había caso. La batalla estaba perdida antes de empezar.
Cuando los viera les iba a decir unas cuantas cositas.
Relájate Jongin, viniste a relajarte, ¿recuerdas? Ah, pero qué difícil se le (lo) hacía(n).
—Podemos dar unas vueltas por el local y ver si los encontramos —le sugirió Yixing, aún invadiendo todo su espacio personal, y por ende, aún revolucionando todas las reacciones de su cuerpo.
—¿Pero crees que sirva con toda esta gente? —dudó, dándole una mirada corta a sus alrededores.
—Son las cuatro de la mañana, ya hay mucha menos gente que antes. Además, este lugar no es muy grande —insistió el otro muchacho, apartándose lo suficiente para poder mirarlo directamente a los ojos. Jongin terminó rindiéndose, la verdad no tenía nada para perder.
—De acuerdo. Gracias, Yixing.
El aludido simplemente le sonrió, obsequiándole la vista de aquel hoyuelo encantador en una de sus mejillas y le ofreció una de sus manos para que la tomara.
Esta vez, Jongin no dudó.
C
El subte estaba considerablemente lleno. Lo suficiente para que Yifan se resignase a viajar todo el trayecto de pie, ya que estaba demasiado lejos para alcanzar los asientos que se desocupaban antes de que lo ocupase alguien más.
Estaba en un subte de la línea 2, a pocas estaciones de Seocho, donde se bajaría para llegar a la Biblioteca Nacional de Corea. Le pareció que ese era un lugar que no podía faltar en su improvisado itinerario turístico.
Un golpe en su brazo izquierdo lo sacó de sus pensamientos. Le dedicó una mirada rápida a la persona que acaba de chocarse contra él. Era un chico joven. Éste lo miró y se disculpó en voz baja mientras se acomodaba un poco más lejos de él, lo que no era mucho considerando cuan lleno iba aquel transporte. Yifan simplemente asintió.
El chico permaneció parado junto a él todo el trayecto hasta Seocho, e incluso se bajó en el mismo punto. Yifan no quiso pensar mucho al respecto, pero cuando cruzaron la salida 5 y seguían prácticamente hombro a hombro, se permitió observarlo un poco más. Era atractivo, con bonitos ojos, labios llenos y un físico delgado pero visiblemente firme. Podía ser que Yifan acabara de salir de una relación poco satisfactoria con un ex al que había amado por más de seis años, pero eso no significaba que no pudiera apreciar la belleza de otros. Especialmente cuando era una belleza tan… interesante.
No lo sorprendió tanto cuando entraron juntos a la Biblioteca Nacional, al fin y al cabo, el chico parecía ser coreano y seguramente era un estudiante universitario que venía a buscar algún texto en particular, o a escribir algún reporte sobre aquel emblema nacional. Un estudiante y un turista, ambos eran la clase de persona que esperabas encontrarte en ese tipo de escenario.
Una vez resuelto aquello en su mente, se obligó a apartar la atención del pobre muchachillo coreano al que acosaba con la mirada y a concentrarse en lo que había venido a hacer en un principio: mirar y sacar fotos (se preguntó entonces si podría, quizás debería preguntar a la chica del escritorio…). Logró esto por la siguiente hora y media, sumándose a un pequeño tour con guías que les explicaban la historia de la gran biblioteca y los títulos invaluables que albergaba.
Su récord de no acosar al desconocido atractivo se terminó en cuanto se lo cruzó nuevamente entre la estantería del extremo este. Estuvo a punto de llevárselo puesto, porque el chico iba sin mirar hacia adelante, muy ocupado examinando la tapa de un libro gordo y de aspecto prácticamente anciano.
—Oh, disculpa —comenzó, antes de darse cuenta de a quién le hablaba y enrojecer visiblemente. Debía estar pensando "¿otra vez él?" y avergonzándose de cometer una torpeza frente a la misma persona dos veces en un día. Yifan no pudo evitar reír.
—No te preocupes. Parece que hoy no es nuestro día, ¿eh?
El muchacho se acomodó un mechón de pelo castaño con la mano que no cargaba el pesado libro y le devolvió la sonrisa con una cierta timidez.
—Se ve que no, tal vez debería empezar a prestar más atención... —hizo una mueca—. De veras, disculpa.
Yifan le hizo un gesto con la mano, quitándole importancia al asunto y relajando su postura. Se había dicho que era hora de dejar el chico en paz pero ahora que tenía la oportunidad de entablar una conversación con él, ¿por qué no usarla? La amargura de su rompimiento con Luhan seguía al fondo de su mente y había algo sobre conseguir la atención de un extranjero atractivo que ayudaba a hacerlo sentirse mejor. Si Luhan podía olvidarlo como si fuera un extraño más, Yifan podía hablar un poco con esta persona.
—No es necesario que te disculpes tanto, estamos los dos enteros todavía, ¿no?
Logró sacarle una pequeña risa y lo anotó como un gran logro de su parte, mentalmente.
—Buen punto —y dicho esto se quedó allí, dejando que el silencio volviese a tomar protagonismo y cambiando el peso de un pie al otro, con su pesadísimo libro colgando de sus manos. Estaba claro que no sabía qué hacer, si despedirse e irse a hacer lo que fuera que estuviera haciendo, o quedarse hablando con Yifan como si ya se conocieran. Viendo que no podía estar muy ocupado, o ya habría optado por marcharse varios minutos atrás, Yifan se permitió volver a llamar su atención.
—¿Eres estudiante?
Jongin pareció algo sobresaltado al ser traído a la realidad de repente, pero se recompuso rápidamente.
—Sí. Voy en mi segundo año de Anestesiología, en el Colegio de Medicina de Yonsei. ¿Y tú? ¿Eres un estudiante de intercambio?
—¿Es bastante obvio que no soy de aquí, eh? —le dedicó una sonrisa burlona, para nada ofendido. Jongin se encogió de hombros, viéndose más a gusto que antes. Evidentemente se estaba dando cuenta de que Yifan no pretendía nada más que tener una plática amistosa con él.
—Es tu acento.
—¿Te desagrada?
Jongin abrió grandes los ojos y negó con la cabeza. Yifan estaba seguro de que, de no haber tenido las manos ocupadas con aquel libro gordo, las habría utilizado para poner énfasis a su negación. Dios, era seriamente adorable. Ahora le sorprendía un poco menos que Luhan lo hubiese cambiado por un estudiante de Seúl. Le molestaba, pero comenzaba a entender...
—Nada de eso. Es bonito —respondió, con la torpeza de quien no sabe de qué forma puede dirigirse a la persona con la que habla.
—Bueno, gracias —le mostró una sonrisa genuina, con esperanzas de que eso le devolviera su anterior estado de comodidad y prosiguió:— Soy estudiante pero no de intercambio. Simplemente vine de vacaciones a Seúl unos días.
A visitar al cerdo de mi novio que me mete los cuernos con estudiantes bonitos como tú, agregó en su mente. No pensaba compartir eso con él, claro, a menos que deseara ahuyentarlo completamente.
—Ah, ya veo. ¿De dónde vienes? —le cuestionó Jongin. Yifan sonrió al ver que el interés era mutuo.
—China. Actualmente resido en Beijing.
Los ojos de Jongin se iluminaron al poder reconocer la ciudad en cuestión.
—¿Beijing? Qué genial. Escuché que es una ciudad muy interesante para recorrer —comentó, con una emoción encantadora.
—Bueno, vives en Seúl, no te sorprendería tanto. Pero si, es una ciudad llena de cosas interesantes para hacer.
Jongin simplemente asintió, con su libro aun colgando incómodamente de sus brazos que ya debían estar cansados de sujetar aquel peso.
—Ey, si quieres te acompaño a dejar ese libro en una de las mesas. Tus brazos se deben haber dormido ya.
Jongin le dedicó una sonrisa agradecida y asintió.
—Mejor, la verdad es que es bastante pesado...
Lo siguió hasta la sección de las mesas, observando las computadoras sobre ellas con interés. Todo aquello era bien sofisticado.
Una vez sentados, se permitió interrumpir el momento en que Jongin ojeaba el libro (que ahora que lo veía de cerca, era de historia antigua de Corea del Sur) para satisfacer un poco de su curiosidad.
—Disculpa que te moleste pero, ¿podría saber tu nombre?
Jongin parpadeó, dejando el libro de lado unos segundos.
—Mi nombre es Jongin, Kim Jongin. ¿El tuyo?
—Wu Yifan —le respondió con un guiño juguetón que hizo reír al otro.
—Yifan —repitió, como si estuviera probando el sonido extranjero en su lengua.
—Qué tierno.
—¡Ey! No te burles de mi mal chino —se quejó Jongin, fingiendo tristeza—. Yo no dije nada de tu coreano.
—Dijiste que mi acento era bonito —le recordó, arqueando una ceja oscura—. Y yo digo que el tuyo es tierno. Me parece justo.
—Ah... pero yo solo dije una palabra. Tú vienes hablando conmigo hace varios minutos.
—En ese caso, quizás debería obligarte a hablar chino, para compensarme —sugirió, riendo en cuanto vio la expresión de absoluto horror en el rostro de Jongin.
—Imposible, no sé chino ni de cerca de la forma en que tú hablas coreano —admitió con vergüenza—. Nunca tuve que estudiarlo en serio.
—Esto está bien. ¿Hablas algún otro idioma, entonces?
Jongin negó con la cabeza, jugando con el separador que había traído consigo. Sacó una libreta de la mochila que había llevado en la espalda antes y que ahora colgaba del respaldo de la silla y con ella un bolígrafo azul.
—Se un poquito de inglés pero no es nada para presumir. Además está muy oxidado ya —se encogió de hombros y comenzó a buscar una hoja en particular de aquel libro viejo—. ¿Y tú? ¿Algún otro idioma bajo la manga además de chino y coreano (que es bastante bueno, por cierto)?
—Gracias —siempre apreciaba mucho los halagos a su forma de hablar un idioma de parte de los nativos—. También sé inglés fluido, lo aprendí porque viví en Canadá por unos años en mi infancia. Después de eso, un dialecto y nada más.
—Lo dices como si fuera poco —observó Jongin, con un tono de admiración que casi lo hizo sonreír a él mismo—. Eso es genial. ¿Viviste mucho tiempo allá?
—Sólo un par de años. Volví a China para terminar mi preparatoria allí.
—¿Y no lo extrañas? —terminó de anotar un par de párrafos en su libreta y comenzó a buscar otra página. Yifan se sintió un poco mal por estar distrayéndolo con su perorata.
—¿Canadá? No realmente. Hacía mucho frío allí, y la mayoría de mis amigos siguen estando en Guangzhou y Beijing. No me arrepiento de haber vivido allí pero tampoco fue traumático abandonarlo —comenzó a jugar con el colgante de su celular: un dragón rojo que se suponía lo representaba—. Dime, ¿no te estoy molestando? Lo entenderé si quieres que te deje hacer tu trabajo en paz.
—Oh, no, está bien. Ya hice la mayoría de mi investigación hace una hora, solamente estoy copiando algunas citas para hacer referencia. Si no te aburres, puedes quedarte —y le mostró esa sonrisa brillante que estaba empezando a derretirlo por dentro. Se tuvo que obligar a espabilar para no hacer un ridículo frente a Jongin al quedarse colgado viéndolo como un baboso.
—No me aburro para nada —le aseguró, aun jugueteando con el colgante. Los ojos de Jongin fueron directo hacia allí.
—No te ves como el tipo de tener colgantes así de tiernos en tu móvil —señaló, claramente encontrando este hecho muy gracioso. Yifan no se ofendió.
—Eso no es nada —se inclinó para tomar su mochila del piso y mostrársela a Jongin: de uno de los cierres colgaba un peluche de oveja (o lo que parecía una) y de otro un peluche de oso con un parche pirata. Jongin se los quedó mirando, incrédulo, hasta que estalló en risas—. Shh. ¿Quieres que nos saquen a patadas? —bromeó, mitad en serio, el más alto, mientras veía a Jongin tratar desesperadamente de recuperar la compostura (y, ya que estaba, el oxígeno en sus pulmones).
—Lo siento, lo siento —masculló el pobre Jongin, sentándose más derecho en su silla y comenzando a bajar lentamente los colores de su cara—. Pero es que no me lo esperaba. ¿Es decir, peluches con esa cara de modelo mafioso?
Las cejas de Yifan se alzaron bien altas en su rostro, para reflejar el asombro que le causaron las palabras de Jongin.
—¿Modelo mafioso? ¡Vaya! Ese tiene que ser la manera más extraña en la que me hayan descrito en mi vida. No sé si decir gracias u ofenderme, pero me arriesgaré por lo primero —estaba claramente entretenido por los giros que estaba dando su conversación.
Jongin no compartía su alegría, más bien estaba ocupado asegurándose de que Yifan no estaba a punto de enfurecerse y salir de allí luego de gritarle algunas cosas. Al ver que nada de eso pasaba, volvió a relajarse.
—No era un insulto para nada, lo juro. A veces se me ocurren comparaciones no muy... convencionales, no puedo evitarlo.
—No te preocupes, eres muy interesante —confesó Yifan, dejando la mochila nuevamente en el piso y reclinándose un poco en su silla. La mirada fija que mantenía sobre Jongin parecía ponerlo sumamente nervioso, y aun así no la apartaba. Ninguno de los dos.
Aquel momento de conexión entre ellos se rompió cuando Jongin apartó los ojos de él para buscar otra página en su libro. Yifan habría pensado que estaba completamente imperturbable de no ser por el suave tinte rosado de sus mejillas y orejas. Él no había sido el único en sentir aquello, entonces.
La pregunta era, ¿cómo seguía de ahora en más?
Estaba claro que no se sentía listo para una nueva relación cuando acaba de terminar con una tan larga como la que había compartido con Luhan. Y también estaba el detalle de que, en menos de una semana, tendría que volver a tomar un avión hacia China y dejar a Seúl atrás (probablemente por mucho tiempo, ya que no tenía verdaderos motivos para regresar).
Pero... había algo sobre Jongin que le impedía echarse atrás y olvidar que había cruzado palabra con él en algún momento. El chico era interesante, claro, y bonito. Sin embargo, se refería más a la conexión que sentía que podía llegar a desarrollarse entre ellos, algo que no le ocurría con cada cara bonita con la que hablaba en su vida.
Y realmente no sabía qué hacer con ese conocimiento en sus manos, con ese presentimiento que auguraba buenas cosas respecto al chico de la sonrisa tímida y cristalina. No estaba listo para una relación, todavía sostenía esto, porque el despecho podría hacerlo cometer estupideces y porque se sentía extraño estar pensando en alguien más cuando sólo el día anterior acaba de tener una discusión con Luhan, Luhan por el que había hecho todo por los últimos seis años y medio. Su Luhan que ya no era suyo y que ahora le traía nada más que amargura y decepción (y la sensación de que se merecían una conclusión mucho mejor que esa, y que ya nada podía hacerse para revertir las cosas que habían dicho y hecho).
Frunció el ceño. Su vida siempre había sido más o menos sencilla, más o menos manejable, y había podido hacerle frente incluso en sus momentos más difíciles. Ahora, por otro lado, las cosas se habían enredado tanto que no deseaba más que obtener un descanso y volver a la normalidad de los últimos días anteriores al viaje a Seúl.
Quizás se estaba apresurando al pensar en todas estas cosas. Quizás Jongin solucionaría todo su dilema interno al no corresponder sus intenciones por llevar aquello más allá de una conversación amistosa en una biblioteca pública. Tal vez Jongin hasta tuviese pareja. Tal vez no le gustaran los hombres, tal vez estuviese en el closet y completamente opuesto a dejar esa zona de confort por un extranjero de paso como Yifan. ¿Qué sabía? Cualquiera de esas opciones podía ser real sin problema.
Al final seguía haciéndose castillos en el aire en su cabeza.
El ruido del pesado libro cerrándose lo trajo de regreso a la realidad. Observó en silencio como Jongin volvía a guardar su libreta y bolígrafo en su mochila color beige y la cerraba para luego echársela al hombro. Tomó el libro en sus manos y se puso de pie. Yifan lo imitó, tomando nuevamente su mochila del suelo y colgándosela del hombro igualmente.
—Voy a dejarlo en su lugar —dijo Jongin simplemente, y empezó a caminar. Yifan lo siguió por inercia, esperando que el chico no se molestase por eso. No pareció ser así, ya que Jongin le sonrió cuando interceptó su mirada fija en su rostro. Una vez que dejó el libro justo donde lo había sacado, se quedaron en el pasillo unos segundos en los que Yifan se preguntaba si debía despedirse ya o si seguir estirando la inevitable despedida. Jongin lo salvó de tener que seguir ponderando en sus opciones al hablar primero.
—¿Puedo tener tu número de teléfono?
Dejó que una sonrisa grande se extendiera en su rostro.
—Por supuesto —sacó su móvil del bolsillo delantero de su chaqueta y se lo pasó a Jongin para que éste introdujera su número. Jongin rápidamente sacó el suyo de su mochila, lo desbloqueó y se lo pasó a Yifan para que hiciera lo mismo. Una vez que terminaron de guardarse como contacto en los dos móviles, se los devolvieron a su respectivo dueño y se sonrieron de forma tonta.
—Muy bien, entonces, ya debería volver a casa. Suficiente trabajo de investigación para un día —bromeó Jongin, acomodándose la mochila en la espalda.
—Seguro. ¿Vas a tomar el subte de nuevo? —preguntó por cortesía Yifan mientras respondía un par de mensajes en su móvil.
—No, voy a tomar un taxi hasta casa, estoy agotado —admitió el más bajo, tallándose uno de sus ojos. Yifan lo miró con simpatía.
—Me imagino que sí. Nos vemos otro día entonces —arriesgó, midiendo la reacción de Jongin a su oferta disfrazada.
—Claro, me gustaría verte antes de que regreses a China —admitió Jongin, valientemente sosteniéndole la mirada.
Era tan encantador. ¿Cómo podía resistirse? Que se fueran al caño todos sus dilemas morales, al menos de momento.
—Si es por mí, no lo dudes. Me encantaría volver a hablar contigo.
Jongin sonrió al oír esto y Yifan cayó un poquito más por él.
Ah, que sencilla y que complicada que es la vida. Una contradicción en sí misma que las personas se pasan años tratando de descifrar en vano.
Yifan estaba empezando a plantearse una nueva filosofía de vida, después de sentir que su cabeza estaba a punto de estallar en su intento de darle sentido a los sucesos que se le presentaban: dejarse llevar. Ver a dónde lo llevaba eso y esperar lo mejor mientras estaba listo para afrontar lo peor.
Terminó de despedirse con Jongin y ambos se fueron por sus propios caminos, con espíritus altos y los ojos llenos de polvo de estrellas y posibles nuevos comienzos.
-
—¿Qué te hizo venir hasta Corea? ¿Familia, interés, pura casualidad?
Yifan hizo una mueca internamente, pero decidió que Jongin se merecía una respuesta sincera.
—Tenía una pareja estudiando aquí, pero en lugar de avivar nuestra relación, mi viaje terminó siendo el último clavo que selló nuestra separación.
Jongin dejó escapar un bajo "oh" y le dedicó una mirada de simpatía.
—Eso es una lástima. ¿Habían estado juntos mucho tiempo?
—Seis años, aproximadamente.
Los ojos del más bajo se abrieron bien grandes.
—Eso es mucho. Debió haber sido algo muy grave.
Después de deliberar unos segundos, Yifan confesó:
—Me era infiel.
La reacción que recibió de Jongin no fue la que esperaba: una risa amarga y vacía. Nada parecido a la luz líquida que parecía desprenderse de sus risas anteriores.
—Qué curioso. Yo terminé con mi novio hace poco por ese mismo motivo.
Hubieron dos cosas que le llamaron la atención en aquella declaración: la palabra novio y el hecho de que alguien pudiese serle infiel a una persona tan maravillosa como Jongin. ¿En qué estaría pensando su ex?
—Qué mala suerte la nuestra —comentó simplemente, seguro por la expresión de Jongin que no tendría muchas ganas de que le cuestionaran por el asunto.
El tampoco tenía ganas de hablar sobre el desamor y la decepción, la verdad.
—Mala suerte es un eufemismo —Jongin sacudió la cabeza, con una sonrisa sin humor en sus labios deliciosamente llenos—. Es como si cada relación que tuviera estuviese destinada a fracasar. Es en parte mi culpa, supongo. Me enfrasco demasiado en mis estudios y en mi inexistente carrera de bailarín.
Yifan se inclinó un poco hacia adelante al oír esto, interesado.
—¿Bailas?
—Sí, desde pequeño. Mi sueño es poder entrar a una buena compañía y hacerlo mi carrera principal, pero sé que estoy pidiendo mucho —se encogió de hombros—. Aun así, alquilo una habitación de prácticas en un edificio cerca de la universidad y paso la mayor parte de mi tiempo libre practicando allí —dudó un segundo, sus ojos chocolate parecieron volverse más oscuros, opacos—. Sehun, mi exnovio, decía que no le prestaba suficiente atención y que más bien parecía que estaba saliendo con un fantasma, con lo poco que nos veíamos. Yo decía que era un dramático, que me echaba la culpa a mí para no reconocer sus propias faltas, pero ahora que analizo todo de otra perspectiva... tenía algo de razón.
Yifan murmuró un pequeño “hmm” de entendimiento y reposó su mentón sobre la palma de su mano, mientras observaba atentamente a Jongin hablar. Conocía bien el sentimiento en sus ojos, porque él mismo se regodeaba en él por la noche: culpa. Arrepentimiento, quizás. Decepción.
Y, también, bien escondida en el fondo de todo, resignación.
—Puede ser que hayas descuidado un poco la relación por tus estudios, pero no pienses que eso es una justificación para que él vaya besándose o acostándose con otras personas. Si ustedes de verdad estaban teniendo problemas, debieron solucionarlos antes de recurrir a las infidelidades. Al menos esa es la forma en que yo pienso —hizo un pequeño gesto como diciendo “sólo una opinión” y volvió su atención a su casi vacío vaso de jugo. Estaban en una cafetería cerca del campus de Jongin, que lo había encontrado allí luego de sus clases de la mañana. Llevaban una hora y tanto hablando, ya.
—Lo sé, lo sé. No justifico lo que Sehun hacía pero tampoco quiero echarle toda la culpa a él, ¿sabes? Siempre fui de los que reconocían sus propias faltas y no quiero que esta sea una excepción.
—Te creo.
Se instaló un silencio agradable entre ellos. Jongin le dio una mordida a su tostado de queso y miró por la ventana que tenían cerca.
—¿Y qué sucedió con tu novio? ¿La distancia?
—La distancia y la tentación demasiado cerca, supongo —rodó los ojos y le dio un último sorbo a su jugo.
Jongin no pudo evitar reír al ver su expresión.
—Disculpa, no es que piense que es de chiste.
—Tranquilo, Jongin. Deja de tratarme como si fuera un perro a punto de morderte —lo regañó, sin la dureza característica del reclamo en su voz. Era más bien algo similar a una súplica, no quería pensar que Jongin estaba esperando una reacción negativa de su parte a cada segundo. Por lo menos hasta ahora, no podía nombrar una sola cosa que le molestara acerca del estudiante coreano. Es más, solo se le ocurría la palabra encantador y atrapante para describirlo. Lo conocía hace dos días y ya lo tenía en la palma de su mano.
Un retrato claramente patético.
—De acuerdo, lo prometo —le aseguró Jongin con una sonrisa enorme, resplandeciente. Si fuera por él, lo haría sonreír todo el día.
—¡Pinky promise!
Yifan sacó el dedo meñique y lo puso delante de un divertido Jongin.
—¿Hablas en serio? ¿Volvimos a la infancia?
—Si no lo haces, no te creo nada —insistió el más alto, sin poder ocultar la risa histérica que luchaba por salir de sus labios. Jongin estaba igual. A este paso iban a hacer una escena en medio de la cafetería, pero no les podía importar menos.
—Pinky promise —y enlazó su propio meñique con el de Yifan, dejándolo allí por varios segundos.
—Ahora si vas por buen camino.
O al menos, ese era el presentimiento que tenía. Pensaba seguirlo hasta el fin.

x
#yolos to the very end of this, yes, perfect.
Espero que hayan sobrevivido y no les haya quedad mal gusto de boca lol
Mi (por ahora) última fic de exo [se limpia una lágrima] Denle cariño.
bye bye~
Subscribe
  • Post a new comment

    Error

    Anonymous comments are disabled in this journal

    default userpic

    Your IP address will be recorded 

  • 0 comments