Midori (midoris_art) wrote in na_eureurong,
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너에게 빠져들겠어 자꾸 반응하잖아 (I’m falling for you, I keep reacting to you) [1/2]

disclaimer: Los chicos de exo no me pertenecen. Esta historia es ficticia y sin fines de lucro.
personajes: chanyeol/yifan
lenght: 14,2k. one-shot
advertencias: -
rating: pg-13.
resumen: El punto de partida es una crisis en una relación que ya pendía de un hilo. Las resoluciones son las variantes. [Universos Paralelos. Multi OTP]
parejas: Sehun/Kai; Kris/Luhan; Lay/Kai; Kris/Kai.
nota: Fic para la gala de caraycruz. Hay una introducción para los dos protagonistas (Jongin e Yifan) que sería de 'lectura obligatoria' y luego universos A, B y C que pueden ser leídos en cualquier orden o simplemente salteados a gusto.

x
~My heart covered in black is your place.
Your heart burning white hot is my place.
I won’t ever get tired of this natural play, play, play, play.
My completely forgotten words are my base.
Your words that have completely disappeared are your trace.
We can’t take anything back in this natural play, play, play, play.

x
Fue en una increíble muestra de auto control que Jongin dejó su teléfono caer suavemente sobre la cama. De no ser porque se consideraba una persona razonable, lo habría arrojado a través de la habitación hasta que se estrellase contra la pared y se hiciese pedazos. Pero el celular era caro, honestamente, y demasiado nuevo.
Ah… pero ganas sí que no le faltaban, por más nuevo que fuera aquel aparato que ahora se iluminaba con cada nuevo mensaje. Debía ser Sehun, enviándole excusa tras excusa que no hacían más que enfurecerlo.
Detestaba que lo tomaran por estúpido. Conocía muy bien las tácticas de Sehun como para caer en trampas tan básicas. La cuestión era que no se veían hace semanas, y que su novio había estado de fiesta en fiesta mientras Jongin se ahogaba en un mar de libros y prácticas hasta pasada la medianoche para preparase para sus exámenes finales y una audición importante de baile. Admitía que no había tenido tiempo para dedicarle a su pareja pero, oh se lo había advertido, y las cosas que habían llegado a sus oídos acerca del comportamiento de Sehun en dichas ‘fiestas’ no lo hacían para nada feliz. Tampoco le había encantado que Sehun declinara su invitación a pasar la noche en su departamento (una noche que había dejado libre en su agenda planeada) a costo de no dormir la siguiente, solo para verlo a él, porque lo extrañaba. “Tengo una fiesta de un amigo a la que prometí ir hace semanas, no puedo cancelar solo porque recién ahora te acuerdas de mí” le había dicho, con una clara nota de resentimiento. Y Jongin se había sentido culpable por unos segundos, hasta recordar las cosas que le habían dicho sobre su novio y que él tan convenientemente había decidido ignorar. ¿No estaban a mano? ¿De verdad una fiesta era más importante que verse después de semanas?
“¿Y no puedes ir una hora o dos y después venir al depa?” sugirió él después, dispuesto a terminar aquella conversación de la forma más positiva posible. Jongin odiaba pelear, especialmente con Sehun. Sin embargo, la contestación que obtuvo estuvo lejos de ser la deseada: “sabes que eso me parece de mala educación. Ya dije que iba a ir y lo haré. Podemos vernos el próximo fin de semana si es que tienes tiempo para tu novio”. Claro que tenía tiempo, tenía tiempo ese mismo sábado, y tal vez fuera posible que hiciera un nuevo hueco el próximo también pero sería de buena gana. Se despidió rápidamente y colgó, temiendo arruinar sus intentos de mantener la situación amigable con un comentario demasiado sincero.
Pero estaba enojado. Consigo mismo y con Sehun, con el mundo incluso.
Se mordió la cara interior de una de sus mejillas con fuerza, en un intento por contener un grito de frustración poco característico de él, y se detuvo en cuanto sintió el sabor metálico de la sangre. Suspiró y se dejó caer sobre la cama. Un rápido vistazo de reojo le confirmó que su celular seguía recibiendo mensajes, cada vez más distanciados entre sí. No tenía intención de leerlo o responder aún.
En su mente aún se repetían las palabras que había escuchado de Jongdae0: que Sehun, su novio, se había besado con uno de los estudiantes de su carrera, un muchacho alto y delgado llamado Chanyeol. Jongdae la aseguró que Sehun estaba claramente inebriado y que no los había visto irse juntos, que no debía ser más que una tontería de borrachos.
Jongin no estaba dispuesto a dejarse convencer tan fácilmente. Él sabía lo que significaba esto: Sehun acababa de dar un nuevo paso en sus ofensas usuales. Ya sabía que acostumbraba coquetear y dejar sus manos libres sobre extraños sin nombre de los que se olvidaba completamente horas después. Era todo sobre la emoción temporal de la conquista, una obsesión suya que nunca se había quitado de encima. Todo en esas estúpidas fiestas suyas, todo a espaldas de Jongin. Su preocupación era que Chanyeol ya no era equivalente a un rostro desconocido en la multitud. Sehun lo conocía, hablaba con él en contadas ocasiones. Ya no le parecía nada inofensiva la obsesión de su pareja por hacerle hervir la sangre a otros. ¿Podría mirarlo a los ojos y evitar que le carcomiera por dentro la duda de si él también se había convertido en otro tipo de pasatiempo?
Jongin no era particularmente celoso, sabía que Sehun sentía cosas por él y eso le bastaba, pero, como todo ser humano, tenía sus límites e inseguridades. Creyó que acababa de cruzar una línea de forma irreversible.
Esta no era la clase de relación en la que quería estar con Sehun, o con nadie. Y si él tenía parte de la culpa, entonces con más razón le convenía alejarse, desistir del romance hasta terminar su carrera o entrar en alguna compañía de danza buena. (O quizás, simplemente prescindir de las relaciones en general, si es que siempre le iban a causar esta clase de estrés.)
Después de lo que parecieron horas, se rindió y estiró un brazo para alcanzar su abandonado teléfono. Tenía cuarenta mensajes sin leer. Veinte de ellos eran de Sehun, cinco de varios amigos diciéndole que Sehun preguntaba por él, diez de Jongdae (preocupado por su clara reacción negativa a las noticias sobre el comportamiento de su novio) y cinco de su hermana.
Fue directo a la conversación con Sehun, frunciendo el ceño mientras bajaba por los mensajes y respondía a cada uno con un comentario sarcástico en su mente. “No significó nada” quizás, pero lo dejó pasar. “Es sólo un amigo” y sin embargo lo había besado. “Te amo” pero lo lastimaba como nadie. “Tenemos que hablar” con urgencia, pero no para continuar como lo hacían hasta el momento. Jongin estaba cansado, lo amaba pero ya no quería seguir con ese tira y afloja que no hacía más que drenarlo de energía y convertirlo en una bolsa de preguntas sin responder y sentimientos contradictorios. “Por favor, Innie. Ven a mi departamento mañana y hablemos de esto” que irónico, el día siguiente era sábado, como el sábado en que Sehun no quiso ir a verlo y prefirió ir a aquella fiesta, la fiesta que ocasionó la situación actual. ¿Y un sábado lo solucionaría todo? O quizás fuera el punto final, el último clavo en el cajón. “No quiero perderte” ni él tampoco, pero así era la vida, impredecible e imparable.
Los dedos le temblaban ligeramente mientras escribía su respuesta, un escueto “No sé si quiero verte aún, déjame pensarlo”. Rápidamente le llegó un “Te estaré esperando de todos modos” que leyó pero no contestó, bloqueando el celular nuevamente y dejándolo en la mesita de noche junto a la cama. Ahora solo quería dormir y pretender que la cabeza no estaba por estallarle en miles de pedazos por la cantidad de pensamientos que lo golpeaban al mismo tiempo.
La hora en el reloj leía “18:13” y el sol empezaba a bajar poco a poco en el cielo. El sábado de repente se le antojaba demasiado cercano, provocándole una sensación desagradable en la boca del estómago.
Decidió que trataría de dormir una siesta necesaria, si era capaz de pegar un ojo, y luego dedicarse a pensar qué haría el día siguiente. Honestamente, era lo mejor que podía hacer en ese momento.
+
Yifan soltó las maletas con cierta violencia sobre el piso de la habitación de hotel. Esta no era la primera noche en Corea que esperaba tener.
Claro, porque no se le había ocurrido la posibilidad de encontrar a su novio con un muchachito coreano en su departamento, muy tranquilos los dos besándose. Yifan tendía a ser paranoico, pero no a ese extremo.
Luhan sabía que Yifan planeaba visitarlo en Seúl. Le había dicho incluso el día, le había enviado un mensaje de texto al bajar del avión. Y con eso y todo, Luhan no se había molestado en deshacerse de su nuevo entretenimiento antes de que Yifan llegase y los viese. Tal vez eso fuera lo que lo había puesto tan furioso, la total y descarada indiferencia que había mostrado su pareja.
Por su parte, Luhan lo había interceptado mientras abandonaba el departamento con la misma rapidez con que se había desvanecido la sonrisa que llevaba en el rostro al entrar y le había jurado y perjurado que la situación “no era tan mala como creía”. ¿Qué se suponía que significaba eso? ¿No era “tan” mala pero si “un poco” mala? “Un poco” le parecía más que suficiente para reaccionar de la forma en que había reaccionado.
El cinismo lo quemaba por dentro.
Sabía que era muy posible que Luhan no se hubiera acostado con ese muchachillo, le tenía la suficiente fe para darle el beneficio de la duda. El problema era que su relación se derrumbaba lentamente desde hace tiempo ya. Todo comenzó en el momento en que Luhan se transfirió a Seúl para estudiar. Las relaciones a larga distancia jamás le habían atraído a Yifan, pero estaba tan locamente enamorado de Luhan que habría hecho cualquier cosa por estar con él; video llamadas que duraban horas y horas, y miles de mensajes de mensajes de texto con banalidades como “buenos días, ¿cómo amaneciste?” que antes podían decirse en el oído. Y Yifan creyó que eran felices, los primeros meses al menos.
Con el tiempo empezó a notar que se formaba una brecha entre ambos. Luhan era esencialmente sociable y ampliaba su círculo de conocidos considerablemente cada vez que Yifan le preguntaba. Aquello lo había inquietado siempre, alimentaba la inseguridad que nunca lo abandonaba, pero nunca lo suficiente para volverse un verdadero problema. Claro, eso hasta que Luhan dejó de responder con la velocidad de antes, dejó de atender todas sus llamadas, para reaparecer después con historias de salidas y reuniones con un montón de gente que Yifan no recordaba haber escuchado.
Y de repente ya no podía adivinar lo que pensaba sin que Luhan dijese nada. De repente ya no tenían tanto en común y sus conversaciones se llenaban de silencios incómodos. Luhan, que siempre había sido una persona esencialmente curiosa, se limitaba a las preguntas más básicas (‘¿qué tal tu día?’, ‘¿cómo está tu familia?’, ‘¿ya aprobaste todos tus exámenes?’) y luego se excusaba por cualquier motivo y colgaba la llamada. Yifan se negó a ver lo deteriorado de su relación por largos meses, cabeza dura y demasiado optimista.
El viaje a Seúl había sido un manotazo en medio del océano, un recurso de último momento para salvar lo que él creía que aún tenía futuro. Y es que por más desaires que se llevara cada vez que hablaban, Yifan amaba a Luhan lo suficiente para querer mantenerlo a su lado, costase lo que costase. Existía la posibilidad de que lo único que necesitasen fuera verse cara a cara nuevamente, poder tocarse y reanudar así la conexión tan profunda que los había unido en primer lugar. Tal vez así podría ponerle cara a los miles de nombres que Luhan mencionaba, deshacerse de miedos tontos y sentirse nuevamente una parte concreta de su vida.
Cuantas expectativas puestas en un vuelo de avión. Cuantas frágiles expectativas y cuanta incertidumbre alrededor de ellas.
Estaba destinado a fracasar desde el primer momento.
Se dejó caer sobre la moderadamente cómoda cama de hotel y consideró sus opciones en silencio. Podría llamar y reservar ya mismo un vuelo de regreso a China para mañana en la mañana. Hizo una mueca. No, el prospecto de subirse a un avión tan prontamente lo agotaba aún más. Dios, era tan incómodo.
¿Pero qué tenía él que hacer en un país desconocido, solo?
Tamborileó los dedos sobre las sábanas blancas y decidió cambiar de enfoque. ¿Qué no tenía el para hacer en un país desconocido, solo? Podría hacer turismo, había traído el dinero suficiente para mantenerse por al menos una semana, sin problemas. Una semana era suficiente para recuperarse del jet lag y juntar la suficiente voluntad para pretender ante su madre que todo había ido bien. Lo último que necesitaba era someterse a una sesión de interrogatorio con ella.
Se sobó las sienes y sacó el celular del bolsillo delantero de sus pantalones con la mano libre, con la intención de buscar en internet una buena guía de lugares para visitar en Seúl que pondría en uso al día siguiente. Lo que terminó haciendo, sin embargo, fue mirar por largos minutos el ícono de mensajería que le avisaba que tenía cinco mensajes nuevos… de Luhan.
Debía suponer que nada iba a ser tan fácil, pero esperaba no saber de él hasta al menos mañana. Después de dudar un par de segundos más, cedió y abrió los mensajes nuevos apretando más y más los labios en una fina línea a medida que terminaba de leerlos.
Luhan quería verlo mañana. Le había escrito la dirección de un café cercano a su departamento, una hora y un pedido lo suficientemente sincero para hacerlo dudar. Su dedo se mantuvo quieto sobre la pantalla táctil mientras su cerebro procesaba la situación una y otra vez. Sabía que tenía que responder, y también sabía que Luhan tenía un buen punto a su favor: necesitaban hablar de esto, sino era para solucionar las cosas, para al menos ponerle un punto final claro a lo que había ocurrido entre ellos.
Antes de que se diera cuenta, había escrito “Ok. Te veo mañana” y bloqueado la pantalla del celular nuevamente, arrojándolo a algún lugar de la cama.
El turismo podía esperar, supuso.

A
{1}
El camino hacia el departamento de Sehun se le hizo simultáneamente interminable y demasiado rápido. Lo que sí podía decir con seguridad era que no fue un trayecto agradable, de ninguna forma. Su pierna derecha no dejaba de moverse, un tic nervioso que combinaba con una serie de miradas inquietas a través de la ventana del transporte público.
Por su mente pasaban incontables escenarios de la conversación que se daría a continuación, con diferentes discursos de parte de Sehun e incluso ensayos de las cosas que él mismo recriminaría y exigiría, sus defensas y sus ofensas.
Por supuesto, sabía que en cuanto tuviera a Sehun cara a cara, poco le servirían aquellas plantillas planeadas.
Lo más frustrante de todo era no tener una posición fija en todo aquel embrollo. Si hubiese estado completamente seguro de querer seguir con su tempestuosa relación, o si estuviese decidido a terminar todo de una vez por todas, entonces se aseguraría de que el proceso sería breve y conciso. Pero Jongin se sentía como una hoja dejándose llevar por la voluntad del viento, consciente de que serían las acciones de Sehun las que terminarían por hacerlo inclinar la balanza hacia un lado o hacia el otro. Y eso no le gustaba.
Al final, nunca tenía control de sí mismo.
Le envió un corto mensaje a Sehun para avisarle que estaba frente a su edificio y esperó pacientemente a que éste bajase y le abriese la puerta. Para ser honestos, tenía un juego de llaves para poder hacer todo aquello él mismo, pero no se sentía bien usar ese ‘privilegio’ en una situación como estas. También era una señal para su novio, una muestra de que estaba más afectado de lo que seguramente él creía. Para Jongin siempre había resultado más fácil decir las cosas con acciones que con palabras (siempre torpes, siempre forzadas e incómodas).
Le resultó difícil no abrazar a Sehun en cuanto lo tuvo frente a él. Dejó que el más alto le diera un beso corto sobre los labios, a modo de saludo, porque no quería comenzar un escándalo en un lugar tan público. La sensación de aquel contacto efímero le dejó un cosquilleo agradable sobre los labios. Hubiera querido tomarlo por el cuello de la camiseta y estampado sus labios sobre los suyos para darle un beso “de verdad”, profundo y lleno de palabras sin pronunciar.
Detestaba profundamente la ambigüedad que flotaba entre ellos, enredándose en cada una de sus acciones y en cada una de sus miradas.
Una vez dentro del departamento tan familiar, se permitió sentarse en uno de los sofás antes de que Sehun se lo dijese y rechazó el vaso de agua ofrecido. Ahora que lo pensaba mejor, debió haberlo aceptado. Jamás había sentido la garganta tan seca.
—Jongin…
—Sehun, ¿tú me amas?
El más alto calló, tomado por sorpresa por la pregunta.
—Yo- claro que te amo, Jongin.
—Yo también te amo, y aun así, ¿por qué nos seguimos lastimando?
Su tono era tan resignado, tan desolador… Sehun sacudió la cabeza, pasándose una mano por el cabello desordenado. No podía dejar que la conversación se desviara por esos caminos, o podría ser demasiado tarde para salvar el tren a punto de descarrilar.
—¿Por qué no aceptamos que los dos cometimos un error y dejamos esto en el pasado? Yo sé lo que hice y no estoy orgulloso de mis acciones, créeme, ni tampoco está en mis planes que se repita.
—¿Sería demasiado cruel de tu parte que estuviera en tus planes, no es así? Pero que no esté planeado no quiere decir que no lo vuelvas a hacer. Te conozco Sehun, te conocía antes de meterme en esta relación contigo y sé que cada día estás más distante. También sé que es en parte mi culpa.
Sehun cerró la distancia que los separaba, poniéndose de cuclillas para estar al nivel de Jongin, que seguía sentado en el sofá, y acunó el rostro de su novio entre sus manos, con gentil firmeza.
—Yo no quiero alejarme de ti, Jongin.
El aludido apretó los labios con fuerza, atraído por la fuerza magnética de la mirada de Sehun. Podía leer las emociones en sus ojos con facilidad: veía la desesperación, la súplica temblorosa, el cansancio que ensombrecía la luz natural de sus irises… y también el amor. El amor era lo que más le dolía, incrustándose en su corazón con brutalidad y destruyendo su frágil resolución.
Oh por qué, ¿por qué tenía que amarlo? ¿Por qué tenían que amarse mutuamente de esa forma?
¿Y por qué debían lastimarse el uno al otro sin importar cuanto se quisieran? Ninguno estaba dispuesto a cambiar (porque no podían cambiar, no lo suficiente para suavizar los bordes filosos de su relación) ni tampoco a dejar ir al otro.
Jongin estaba atrapado. Ambos estaban atrapados en ese círculo vicioso de tira y afloje.
—Sehun… —murmuró, el resto de sus palabras atascadas sin remedio en su garganta. Sehun le ahorró tener que poner orden al embrollo en sus pensamientos al colocar sus labios sobre los suyos, distrayéndolo con un beso con sabor a seguridad.
Estando tan cerca de Sehun, dejando que la calidez familiar de su cuerpo lo envolviese, se le hacía difícil recordar todos los motivos por los que no debería estar dejándose llevar de esta forma. La ilusión de que todo estaba bien duraría solo días; pronto se encontraría absorto en su futura carrera, universitaria y artística, y que Sehun se entretendría en ese mundo de luces, música fuerte y gente hermosa. Jongin se iría a dormir en las noches pensando en quién estaría mirando a su novio con lascivia, quizás incluso manchando su piel inmaculada con sus sucias huellas dactilares. Y sin embargo nunca hacía nada, solo enterraba la cabeza en los libros o se encerraba en el cuarto de prácticas que alquilaba, con la música tan fuerte que terminaba aturdido al apagarla. Huía a sus sospechas, huía a las peleas, huía de todo (hasta de sí mismo, de su parte de la culpa y de su negación).
Aun así, dejó que Sehun lo recostara sobre la alfombra de la sala, dejó que lo desnudara e incluso le correspondió con la misma fiereza que mostraba. Tener sexo seguramente no era la mejor forma de arreglar sus problemas, pero no podía importarle menos en esos momentos, embriagado por las sensaciones que atacaban su cuerpo.
Sehun parecía decidido a hacerlo olvidarse de que en algún momento había considerado dejarlo atrás, si solo por la dedicación con que mordía y chupaba cada centímetro disponible de piel morena, con la devoción de un santo. Sus manos y su boca parecían estar en todas partes al mismo tiempo, provocándole una sobrecarga sensorial al otro.
Jongin enganchó las piernas alrededor de la estrecha cintura, obligándolo a corresponder las pequeñas embestidas espasmódicas que daba, creando la fricción más deliciosa entre sus entrepiernas. Lo único que se escuchaba era el sonido del roce de sus pieles, el contacto húmedo entre sus labios y la respiración agitada de ambos.
El suelo, con alfombra y todo, no era precisamente el lugar más cómodo para acostarse, por lo que Sehun lo cargó (con protestas y todo; Jongin sabía que era muy pesado y le incomodaba que lo llevase de esa forma) hasta su habitación, donde lo depositó sobre la cama medio deshecha.
No es necesario aclarar que sus pensamientos fatalistas no hicieron acto de presencia por varias horas más.

{2}
A diferencia del día anterior, Yifan se encontró fuera del departamento de Luhan sintiendo emociones sumamente conflictivas. El sentimiento general era poco agradable, con una amargura que no había existido mientras organizaba este estúpido viaje para salvar una relación que ya estaba más muerta que viva.
Ah, era claro que estaba muy irritable. ¿Cómo no estarlo?
Luhan le abrió la puerta luciendo como si estuviese viendo un fantasma, una expresión muy poco común en él. Yifan no quiso indagar mucho en un detalle como ese, sabiendo que probablemente tendría las respuestas a cualquier pregunta dentro de unos minutos.
El departamento se veía muy acogedor ahora que carecía de la pintoresca imagen de su (¿ex?) novio besándose con un muchachito coreano desconocido.
Iba a ser difícil llegar a alguna conclusión civilizada con el mal humor que llevaba encima. Apenas se pudo obligar a que le molestase. ¿Con qué derecho Luhan podría reclamarle algo? Él no había sido quien se molestó en planear un vuelo costoso en avión a otro país para visitar a una pareja que parecía extrañarlo muy poco.
¿Por qué demonios estaba allí, de nuevo?
—Estás molesto —dijo Luhan, no como una pregunta sino como una mera observación de los hechos. Y tenía razón—. Escucha Yifan, necesito que hagas un esfuerzo y realmente me escuches.
—Estoy aquí, ¿qué te hace pensar que no voy a escucharte?
—Te conozco —contestó tristemente, el brillo de sus ojos castaños casi lo hizo sentirse mal por lo hosco de su actitud—. Sé que te pones muy testarudo cuando estás molesto. Y de verdad quiero que me escuches.
Yifan resistió el impulso de contestarle alguna barbaridad. Se prometió que iba a ser un ser adulto responsable al lidiar con esta situación. Además, aún estaba el amor que sentía por Luhan y que le imposibilitaba darse la vuelta ofendido y no verlo nunca más.
Al menos, no así.
Teniéndolo cara a cara, después de tantos meses sin verlo, le llegaba como una ola arrasadora lo mucho que lo quería. Le parecía casi irreal tener aquellos ojos expresivos y grandes tan cerca, aquella boca rosada a tan pocos centímetros... pero tan fuera de sus posibilidades. Hubiera preferido abrazarlo tan fuerte que se fundiesen en una sola persona, besarlo tan fuerte que le sangrasen los labios, amarlo con tanta intensidad que no pudiese caminar por semanas...
Pero esa maldita imagen, la imagen de Luhan con alguien más, el conocimiento de que probablemente no fuera algo extraño en su vida, lo acosaba y le impedía entregarse a su primer instinto. Lo carcomían los celos. Siempre se había dicho que no era una persona sumamente celosa, y resultaba ser una vil mentira, porque lo que estaba sintiendo ahora no podía ser otra cosa que la ácida y corrosiva sensación que conllevaban los celos y la posesividad.
Se odió. Lo odió. Detestó todo en el mundo en esos segundos de epifanía, y sin embargo cuando Luhan lo invitó a pasar, lo hizo.
Se sentó donde le fue indicado, aceptó el vaso de refresco que le fue ofrecido y pretendió por unos segundos que aquella era una situación normal. En su escenario ideal, claro, Luhan no se vería tan tenso mientras registraba cada uno de los gestos que hacía.
—¿Y bien? Dijiste que querías hablar. Pues habla.
Luhan hizo una mueca, poco satisfecho con la aparente frialdad de Yifan. Ya lograría romper esa coraza, aunque le costase miles de intentos. Se consideraba un experto en el arte de leer a Yifan y sabía bien de qué hilos tirar y cuales evadir. Simplemente le parecía una tragedia que lo hubiera visto en pleno coqueteo, y en su departamento de todas partes. Era su culpa, claro, por no echar a Chulwoo antes y por olvidar su celular en la habitación, con los mensajes de Yifan sin abrir. Mensajes que podrían haber cambiado radicalmente la situación.
¿Era descarado de su parte culpar a los mensajes y no a sus propias acciones? Quizás.
No lo hacía por mezquino, como Yifan podía llegar a pensar. Luhan era una criatura social, le gustaba estar rodeado de gente seleccionada que le funcionaba como distracción para evitar regodearse en las inseguridades latentes que nunca lo abandonaban. Las risas, la charla superficial, el coqueteo (¿inocente?), la sensación de sentirse querido y, por qué no, deseado... era todo eso y más lo que utilizaba como oxígeno para vivir. Cuando estaba con Yifan, las últimas cosas no le faltaban a diario. Por más controlado que pareciese, Yifan podía ser el hombre más dulce y cariñoso del mundo cuando estaban solos, hasta el punto en que Luhan se quejaba de que terminaría dándole caries con las cosas que le decía.
Las cosas habían cambiado después de mudarse a Seúl por sus estudios. No había sido tanto por los estudios en sí, sino por contentar a su sentido de aventura, que permanecía escondido muy profundo pero nunca callaba. Sonaba excitante: un nuevo país, nuevas personas, nueva cultura; miles de cosas por aprender que quizás nunca le sirviesen, pero que sonaban entretenidas.
Por un momento le preocupó lo que sucedería con su relación con Yifan, mas le pareció estúpido perderse de una oportunidad semejante por un noviazgo; no quería mirar hacia atrás en el futuro y sentir nada más que arrepentimiento. Además, Yifan se había mostrado completamente dispuesto a apoyarlo en su decisión, lo había ayudado a organizar sus cosas y aprender coreano básico, hasta que se perfeccionase con la práctica. Y Luhan se había sentido afortunado de tener a alguien como Yifan a su lado, que podía ser su mejor amigo y su pareja al mismo tiempo. Su vínculo parecía tan fuerte que un simple viaje a otro país no podría perjudicarlo. Lo creyó.
Lo creyó hasta que comenzó a interactuar con otros muchachos. Lo creyó hasta que empezó a extrañarlo, y hasta que dejó de hacerlo con la misma intensidad de antes. Por supuesto, a veces se acordaba de la sensación de besarlo, de estar entre sus brazos y de sentir su aliento en su cuello mientras le murmuraba las confesiones más dulces. En esas ocasiones, sentía un vacío que le impedía dormir propiamente. Tristemente, esas ocasiones eran también más y más espaciadas.
Se daba cuenta de que ya no se mensajeaban de la misma forma que antes. Notaba que sus llamadas duraban apenas veinte minutos, cuando antes se podían extender hasta cuatro horas. Todo esto lo veía pasar como si fuese externo a él, como si fuese una fuerza de la naturaleza contra la cual él no tenía nada que hacer. Se distanciaban, ¿y él qué podía hacer?
(Quizás porque, en el fondo, la posibilidad de perder a Yifan completamente jamás fue una opción tangible en su cabeza.)
—No quiero que la relación que venimos construyendo hace años se desmorone en un segundo, Yifan. No quiero que me guardes rencor o que me consideres un error —al ver que Yifan abría la boca para contradecirlo, Luhan se adelantó a él—. ¿Me lo vas a negar? Lo veo en tus ojos: no es odio, no, pero es un inicio —se sonó los nudillos, las manos ligeramente temblorosas. La posibilidad de un rompimiento se sentía horriblemente concreta, y la epifanía lo hizo sentir un imbécil. ¿Qué se pensaba? ¿Que Yifan le sonreiría y le diría "está bien, se compartir" o algo así? Por supuesto que no. Lo conocía hace más de seis años, ya sabía que estas cosas lo molestaban profundamente.
—¿Y te crees que a mí se me causa gracia que esté pasando esto? Puse tanto como tú para hacer funcionar nuestra relación. O al menos eso creía —agregó finalmente, mezquino.
Luhan dejó escapar un sonidito mezcla de frustración y angustia, que eran justamente los dos sentimientos que le embotaban los sentidos en ese momento. Comenzó a caminar frente a Yifan, como si eso lo ayudase a poner en orden sus pensamientos y así articular una respuesta adecuada.
—¡No dije eso! No te estoy echando la culpa, ya sé que lo que viste... Sé lo que está pasando por tu mente, lo que te debes estar imaginando y yo-
—¿Pero lo hiciste, no? Dices que me lo imagino, pero al mismo tiempo no lo estás negando. Sé honesto, creo que me debes al menos eso.
—Yo no te traicioné —replicó entre dientes, como si las palabras fueran un golpe directo a su mejilla. Despiértate, decían, ¡mírame bien y date cuenta!
—Con lo que quieres decir que no te acostaste con nadie, ¿cierto?
Lo que salió del más bajo fue prácticamente un gruñido.
—Es exactamente lo que estoy diciendo. ¿A dónde quieres llegar?
—Que eres un idiota si piensas que todo esto está pasando porque pensé que te acostabas con ese chico, o con cualquiera. ¿Crees que esa es la única prueba que necesito para saber que esta relación se está yendo por el caño?
—¿Y qué maldita razón tienes, entonces?
Yifan se puso de pie, parándose directamente frente a Luhan, que dejó de moverse al sentir su nueva cercanía. Este último no sabía si tenía ganas de mandarlo al infierno o de atacarlo a besos.
—No hablamos. No compartimos nada. Ahora que vivimos en países completamente diferentes, tomamos distancia a cada segundo y ninguno toma la iniciativa para cambiar las cosas. Bueno —deja escapar algo similar a una risa, sin humor—, este viaje fue mi forma de tratar y ya ves que bien terminó.
—Chulwoo y yo no somos nada, Yifan. Lo que viste... lo que viste fue un desliz mío, lo acepto, pero no quiero repetirlo —extendió un brazo, dejando su mano sobre el brazo de Yifan y enviándole una mirada suplicante.
—No entiendo por qué te aferras tanto a esto —el más alto sacudió la cabeza, dando una paso hacia atrás—. Si no estás conmigo entonces puedes ir a coquetear, como sé que tanto te gusta, con todo el que quieras, libremente. No tendrías que darle explicaciones a nadie, y estoy seguro de que interesados no te faltarían nunca.
Luhan se quedó mirándolo unos segundos. Su expresión era tal como si Yifan le hubiera dado un puñetazo en el estómago.
No lo entendió. ¿Ahora dejaba ver todos esos sentimientos? ¿Por qué no podría haber sido unos meses atrás? ¿Por qué tenía que haberlo encontrado de esa forma con aquel chico?
—Una cosa no quita a la otra. Puede que hayamos estado desconectados pero para mí siempre serás una parte esencial de mi vida. Si no fuera así, ¿no crees que te habría detenido cuando me avistaste que vendrías a verme a Seúl?
—A este paso, me imaginaba que aquel espectáculo fue tu forma de decir "esto ya no va".
Furia. Furia era exactamente lo que reflejaban los ojos expresivos de Luhan.
—No puedo creer que seas tan... No puedo creer que pienses que yo podría ser tan hijo de puta. ¿Cuándo te hice cosa semejante?
Yifan se pasó una mano por el rostro. En eso tenía que darle la razón: Luhan podía ser algo desapegado, por momentos, pero jamás había hecho algo al grado de lo que lo estaba acusando. Era el resentimiento hablando por él, no su razón.
—Disculpa —termina diciendo finalmente, dejando su orgullo de lado por un segundo.
La expresión de Luhan se suavizó, y volvió a cerrar la distancia entre ellos. Su mano volvió a tomar lugar sobre el brazo de Yifan, donde le dio un apretón gentil.
—Yifan, no quiero que terminemos —confesó, aunque lo había estado dejando bastante claro. Lo que Yifan seguía sin entender era por qué, por qué seguir estresándose de esta forma cuando era mucho más sencillo seguir por caminos diferentes.
No entendía por qué, pero cómo deseaba tener la mentalidad positiva de Luhan en esos momentos.
—Estás diciendo eso porque me tienes adelante tuyo en este momento. Pero en una semana me voy a ir, y entonces todo va a ser como antes. Vas a volver a sentirte solo y a recurrir a otras personas. Mientras tanto, yo te voy a estar esperando como un imbécil en China. ¿Te parece justo?
Luhan se mordió el labio inferior en un gesto de nerviosismo y desvió la mirada con que había tratado de someter al más alto desde el inicio de su conversación. Fueron largos minutos en los que Luhan pareció dudar y dudar, enfrascado en sus pensamientos, y que Yifan pasó con una mezcla de molestia y curiosidad.
—Yo... Yo estaba pensando en volver a Beijing al final del semestre.
La información lo dejó helado. Se obligó a volver a la tierra apenas momentos después, sabiendo que hacerse esperanzas terminaba lastimando más que nada en el mundo cuando estas se derrumbaban inevitablemente.
—¿Por qué? ¿No eres feliz aquí?
No me hagas esto. No seas cruel. No juegues con lo que ya es tuyo.
—Vine a Seúl porque era una aventura, algo nuevo e interesante y porque no quería pensar en esto más adelante y arrepentirme por echarme atrás. Pero ya vi las cosas que quería ver, probé la experiencia de lo nuevo y conocí gente nueva. Y ahora que hice todo eso... extraño muchas cosas de Beijing. Extraño el idioma, a mis amigos, la comida, los lugares que conocía como la palma de la mano... Y te extraño a ti, nuestra rutina y nuestras salidas espontáneas. Yifan, yo dudo poder encontrar a alguien que me entienda de la manera especial en que tú me entiendes.
El nativo de Guangzhou fue quien tuvo que desviar la mirada esta vez.
—¿Qué pasó con lo de “yo no digo cosas cursis”? —respondió en voz queda, con el corazón latiendo vergonzosamente rápido en su pecho. Todo estaba sucediendo tan rápido, y tan diferente a lo que había imaginado.
Luhan esbozó una sonrisa pequeña, casi tímida.
—Creí que era tiempo de sacarte un poquito de trabajo encima.
Aquello le arrancó una risa genuina. La risa atrajo más carcajadas, hasta que se comenzó a quedar sin aire y en algún momento, entre risa y risa, terminó tomando a Luhan entre sus brazos y estampando un beso de aquellos en sus labios desprevenidos.
No había forma de que lo volviera a soltar jamás.
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